Vincent van Gogh, Los girasoles

Postimpresionismo

Los girasoles

Van Gogh pintó la serie de girasoles para decorar la habitación que preparaba para Gauguin, con la esperanza de que el amarillo transmitiera sol y amistad.

Vincent van Gogh · 1888

Le entusiasmaba usar un pigmento nuevísimo, el amarillo de cromo, pero algunos de esos amarillos se han oscurecido y apagado con el tiempo, a medida que su química se descompone.

Vincent van Gogh, Los girasoles
Los girasoles · National Gallery, Londres

Lo más interesante

Datos y leyendas

  • Van Gogh pintó la serie de girasoles para decorar la habitación que preparaba para Gauguin, con la esperanza de que el amarillo transmitiera sol y amistad.
  • Le entusiasmaba usar un pigmento nuevísimo, el amarillo de cromo, pero algunos de esos amarillos se han oscurecido y apagado con el tiempo, a medida que su química se descompone.
  • Presumía de poder pintar girasoles como nadie, y Gauguin llegó a retratar a Van Gogh en el acto mismo de pintarlos.
  • Una versión fue comprada por una empresa japonesa en 1987 por casi 40 millones de dólares, un récord que dejó atónito al mundo del arte.
  • Los pétalos gruesos y escultóricos están hechos de pintura exprimida directamente y trabajada con tal densidad que la superficie es casi un relieve.
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Valor estimado

Cuánto vale hoy

Estos Girasoles están en la National Gallery de Londres y no están a la venta. Otra versión de la serie se vendió por 39,9 millones de dólares en 1987, entonces un récord absoluto.

Más detalles Un jarrón con quince girasoles, pensado como regalo, acabó siendo la imagen más reproducida de la pintura.

Qué hay en el lienzo

Quince cabezas en un solo jarrón

El lienzo es pequeño: 92,1 por 73 centímetros, formato vertical, apenas más grande que un torso, con las flores pintadas casi a tamaño real. Quince girasoles se apiñan en un jarrón de barro corriente, cada uno en un momento distinto de su vida: unos todavía se coronan de pétalos afilados, como llamas; otros ya cuelgan la cabeza, han perdido los pétalos y dejan ver el disco oscuro de las semillas, casi como un panal. Apenas hay hojas — Van Gogh dejó los tallos desnudos para que nada compitiera con las flores — y deja que el marchitamiento convive con la floración, en pie de igualdad.

El fondo es casi todo amarillo, un tono más claro que las propias flores: el efecto de "amarillo sobre amarillo" del que el propio pintor más se enorgullecía. El jarrón lleva dos franjas de amarillo, más oscura arriba y más clara abajo, separadas por una línea azul fina; justo encima, a la izquierda, firmó "Vincent" con ese mismo azul. Es, además, una vasija de barro sin adornos ni esmalte — del tipo que bien pudo estar realmente sobre su mesa, no un objeto puesto en escena. Aparte de ese hilo azul y algún tallo verde, apenas hay color frío en todo el cuadro: todo se sostiene en ocres, marrones y amarillos aplicados tan espesos que la propia pasta modela los pétalos casi en relieve.

El encuadre es cerrado y cercano: no hay mesa ni habitación, nada que sitúe el jarrón en un espacio — parece apoyado justo contra el primer plano, y las flores más altas casi tocan el borde del lienzo. Casi no hay sombra ni una fuente de luz definida, así que el cuadro se lee menos como un bodegón al uso y más como un emblema plano y decorativo.

Cómo se hizo

Una semana en la Casa Amarilla

En agosto de 1888 Van Gogh esperaba en Arlés la llegada de Paul Gauguin, que había prometido instalarse con él en la Casa Amarilla y fundar juntos el "taller del Sur". Mientras aguardaba, decidió decorar la futura habitación del amigo y, en apenas una semana, pintó cuatro lienzos de girasoles: uno con tres flores, otro con cinco o seis (esa versión se perdería después), otro con doce y, al final, uno con quince — el que hoy cuelga en Londres.

Trabajaba rápido, casi sin dibujo previo, aplicando la pintura sobre la capa fresca en una o dos sesiones, sobre lienzos ya preparados y comprados a un proveedor parisino en un formato estándar. Usó amarillos de cromo recién salidos al mercado, relativamente baratos y todavía poco conocidos entre los comerciantes de pigmentos; eran ellos los que le daban ese amarillo espeso y algo mate que buscaba.

Gauguin llegó, en efecto, a finales de octubre y, a juzgar por las cartas, los girasoles le entusiasmaron. Pero la convivencia de los dos pintores en la Casa Amarilla duró poco más de dos meses y terminó en una crisis grave en diciembre. Ya en enero de 1889, recuperándose de lo ocurrido, Van Gogh repitió la composición de memoria tres veces más — versiones con doce y con quince flores —, de modo que el lienzo de Londres tiene "hermanas" que hoy se conservan en Ámsterdam, Filadelfia y Tokio.

De dónde vienen las imágenes

Grabados, puntos y flores vistas en París

Ya en París, Van Gogh coleccionaba grabados japoneses ukiyo-e y decía que fueron ellos quienes le enseñaron a ver el color como manchas planas y decorativas, sin el claroscuro europeo habitual — un método que en los girasoles se lleva casi al límite: el fondo no es paisaje ni interior, sino pura superficie de color. En ese mismo París coqueteó brevemente con la pincelada dividida de color puro que entonces discutía toda la ciudad a raíz del escándalo de "Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte" de Seurat; pronto abandonó los puntitos por su propia pincelada ancha y cargada, pero le quedó el interés por cómo los colores puros dialogan entre sí a distancia.

Otra raíz es el pintor marsellés Adolphe Monticelli, cuyos bodegones florales, de pasta densa y casi esculpida, Van Gogh había visto y admirado en París antes de partir hacia el sur; de ahí parece venirle el gusto por aplicar el color tan espeso que la propia pincelada se vuelve relieve. Y la idea misma de convertir los girasoles en decoración para el cuarto de otro nació de un plan más amplio: aquel mismo verano Van Gogh preparaba toda la Casa Amarilla como sede del futuro "taller del Sur", y por esas fechas pintó otra habitación clave de esa misma casa — la suya, en "El dormitorio en Arlés". Lienzos distintos, la misma dirección.

El destino de la obra

De la cuñada del pintor a Trafalgar Square

A la muerte de Vincent, y poco después la de su hermano Theo, el cuadro quedó en manos de la viuda de este, Jo van Gogh-Bonger, que se dedicó a difundir la obra de su cuñado y en 1905 prestó "Los girasoles" para una gran retrospectiva en el museo Stedelijk de Ámsterdam. A principios de los años veinte todavía insistía en que los girasoles "no se venden, nunca, son de la familia", pero en 1923 acabó vendiendo el lienzo a la galería londinense Leicester Galleries, donde se expuso en la primera muestra individual de Van Gogh en el Reino Unido.

En marzo de 1924 lo compró la National Gallery por 1.304 libras, con dinero del recién creado Fondo Courtauld, que el coleccionista Samuel Courtauld había reunido precisamente para comprar pintura moderna, entonces todavía discutida; para un museo que llevaba siglos coleccionando a los maestros antiguos, aquello fue casi una osadía. Hasta 1961 el cuadro colgó en el edificio de la Tate en Millbank, y solo después se trasladó al edificio principal de Trafalgar Square, donde sigue hoy.

El lienzo sale poco de Londres: una de las pocas excepciones fue el verano de 2026, cuando cruzó el Atlántico por primera vez en su historia museística y viajó brevemente al Museo de Arte de Filadelfia, para colgarlo junto a otra versión de la serie, la de los doce girasoles. Un episodio más tenso había ocurrido antes: el 14 de octubre de 2022, las activistas de Just Stop Oil Phoebe Plummer y Anna Holland abrieron latas de sopa de tomate y las vertieron sobre el cristal protector del cuadro, en protesta contra nuevos proyectos de petróleo y gas, y después se pegaron las manos a la pared. El lienzo no sufrió nada — el cristal absorbió el impacto —, pero el marco, una pieza italiana labrada del siglo XVII sin cristal propio, quedó manchado; el tribunal valoró el daño en 10.000 libras, aunque a los restauradores del museo les bastaron 150 libras para repararlo. Ambas fueron declaradas culpables en julio de 2024 y, el 27 de septiembre, el juez Christopher Hehir condenó a Holland a 20 meses y a Plummer a dos años por el daño en sí, más otros tres meses por un cargo aparte: algunas de las penas más duras impuestas en el Reino Unido por este tipo de protesta.

Huella cultural

El pintor de los girasoles

En diciembre de 1888, Gauguin pintó a Van Gogh trabajando, pincel en mano, y eligió precisamente unos girasoles como motivo del cuadro dentro del cuadro, aunque en diciembre ya no quedaba ni un girasol en Arlés, ni en jardín ni en jarrón: Gauguin pintaba de memoria, a partir de los lienzos veraniegos de su amigo, no del natural. El retrato se envió a Theo el 20 de diciembre, apenas tres días antes de que Van Gogh, en plena crisis, se cortara parte de la oreja y la vida en común de los dos pintores en la Casa Amarilla se acabara. De ahí viene el apodo "el pintor de los girasoles", que se le quedó para siempre. Años después, en sus memorias, Gauguin llegó a decir que toda la serie se había pintado casi por consejo suyo — los historiadores dudan mucho de esa afirmación: las cartas del propio Van Gogh hablan de los girasoles como un motivo que ya llevaba pensando desde París, mucho antes de conocer a Gauguin.

El propio pintor sabía perfectamente que se estaba construyendo un nombre: en una carta a su hermano comparó su apego a esta flor con el modo en que otros pintores se habían apropiado de la peonía o la malva — el girasol, decía, era ya suyo. La apuesta salió de sobra: hoy "Los girasoles" es una de las imágenes más reproducidas de toda la historia de la pintura, de los libros de texto a las tazas y los envases. En 2010 el cuadro protagonizó el momento más emotivo de un episodio de la serie británica "Doctor Who" — "Vincent y el Doctor" —, donde estos mismos girasoles, ya colgados en un museo de Londres, sirven de prueba de que la vida del pintor no fue en vano. Y bajo esa capa de amarillo solar tan visible, los científicos vienen registrando desde la década de 2010 algo que el ojo no ve: el oscurecimiento lento de los pigmentos de cromo, razón por la cual el museo mantiene hoy la sala con luz reducida.

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