Fuente de la introducción: Wikipedia (ES)
Autor
Vincent van Gogh
Movimiento / época
Postimpresionismo
Técnica
pintura
Ubicación
Museo Van Gogh, Ámsterdam
Aplanó la perspectiva a propósito; con las paredes y el suelo torcidos buscaba transmitir un reposo y una calma absolutos.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- Van Gogh pintó tres versiones casi idénticas de su dormitorio: una está en Ámsterdam, otra en Chicago y otra en París, cada una con colores sutilmente distintos.
- Aplanó la perspectiva a propósito; con las paredes y el suelo torcidos buscaba transmitir un reposo y una calma absolutos.
- En sus cartas a su hermano Theo describía cómo elegía cada color para sugerir sueño y descanso: las paredes debían serenar, no ser realistas.
- La pintó mientras esperaba que su amigo Gauguin se mudara con él, lleno de esperanza en una comunidad de artistas que pronto se derrumbó.
- El original resultó dañado por la humedad durante una inundación, lo que en parte explica por qué Van Gogh hizo las repeticiones posteriores.
Más detalles Pintada tres veces y casi perdida en una inundación: el cuarto de Van Gogh cambió de color con los años.
En el lienzo
Una habitación en la que se podía entrar
El cuadro muestra el propio dormitorio de Van Gogh en la Casa Amarilla de la plaza Lamartine, en Arlés. El lienzo mide apenas 72 por 90 centímetros, pero el espacio se lee como una habitación real en la que uno podría entrar. Una cama con colcha azul intenso y almohadas blancas está pegada a la pared derecha y parece resbalar hacia el fondo, inclinada por una perspectiva torcida. Al lado hay dos sillas, una de paja amarilla y otra con el asiento de mimbre verde, y una mesita con una jofaina, una jarra, un vaso y una garrafa.
Las paredes están pintadas de un azul violáceo frío, la puerta y las contraventanas son verdes, y el suelo, de un rojo anaranjado, está trazado con pinceladas diagonales que parecen bajar hacia la ventana del fondo. Sobre la mesita y junto a la cama cuelgan retratos y un paisaje en marcos estrechos: en la versión de Ámsterdam se ve un autorretrato del propio pintor y el retrato de un joven sin identificar, mientras que en las versiones de Chicago y París los cuadros cambian, una de las pocas formas de distinguir los tres lienzos a simple vista. Junto a la puerta cuelga una toalla a rayas rojas, hay un espejo sencillo cerca, y una chaqueta echada sobre una silla es la única señal de que alguien vive ahí, porque la habitación aparece vacía de gente. No hay ninguna sombra: la luz es decorativa, tendida en manchas planas de color como en una estampa japonesa, y eso es lo que da a la habitación ese aire de juguete, con paredes y suelo inclinados en ángulos que no terminan de sostenerse.
Cómo se hizo
Dos días en cama, luego una inundación
Van Gogh pintó la primera versión a mediados de octubre de 1888, poco después de pasar dos días en cama por agotamiento. No había ningún encargo: era simplemente su propia habitación en la casa de la plaza Lamartine que llevaba meses alquilando y que soñaba con convertir en un taller para otros pintores. Trabajó rápido, al parecer en una o dos sesiones, aplicando la pintura espesa y perfilando los muebles con un contorno oscuro, eliminando a propósito el volumen y las sombras: le importaba menos copiar lo que veía que construir la habitación a partir de zonas planas de color.
Explicó la idea a Theo el 16 de octubre de 1888 y envió casi la misma carta, con un pequeño boceto de la composición a pluma, a Gauguin, que entonces vivía en Bretaña. No hubo modelos ni puesta en escena: la habitación está vacía de figuras humanas, solo hay objetos. Después llegó el verdadero drama del lienzo. En la primavera de 1889, mientras Van Gogh se recuperaba en el hospital de Arlés tras una crisis, la Casa Amarilla se inundó; el agua y el salitre empaparon las paredes bajas y el cuadro, entre otros, sufrió daños serios, con la pintura empezando a desprenderse. Theo quiso reentelarlo de inmediato, pero le sugirió a Vincent que antes pintara una copia para no arriesgar el original en un proceso delicado. Así, a principios de septiembre de 1889, en el asilo de Saint-Rémy, apareció una segunda versión del mismo tamaño, y semanas más tarde, a finales de ese mes, una tercera, reducida a 57,5 por 74 centímetros, pensada como regalo para su madre y su hermana Guillermina.
De dónde vienen las imágenes
Grabados en lugar de sombras
Van Gogh llevaba años coleccionando grabados japoneses ukiyo-e —tenía decenas de hojas de Hiroshige y Hokusai— y trasladó a su pintura la lección principal de esas estampas: el color y la línea importan más que el volumen, la sombra es opcional, y el espacio puede aplanarse en favor de la expresividad antes que de la exactitud. El Dormitorio es quizá el experimento más puro de ese enfoque en toda su etapa de Arlés; el propio artista describía en sus cartas el efecto de la habitación como algo casi decorativo, más cercano a una estampa que a una vista ilusionista. Para entonces ya llevaba unos años probando distintas formas de trabajar con el color puro, desde su etapa en París, cuando vio a Georges Seurat exponer Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, una pintura minuciosa construida punto a punto sobre la mezcla óptica del color. Van Gogh nunca adoptó el puntillismo como tal, le resultaba demasiado frío y calculado para su temperamento, pero se llevó de ahí el gusto por el color como tema en sí mismo.
Ese mismo otoño de 1888, apenas unas semanas antes del Dormitorio, había pintado una escena nocturna en una plaza de Arlés, el cuadro que se conocería como Terraza de café por la noche, donde también desterró el negro habitual de las sombras y lo sustituyó por azul y violeta intensos, trabajando al aire libre bajo la luz de gas. El Dormitorio continúa el mismo experimento de color, solo que vuelto hacia dentro, lejos de una plaza nocturna llena de gente y hacia un espacio pequeño, casi íntimo, de sueño y descanso, que describió con detalle tanto a su hermano como a Gauguin como un cuadro pensado para darle un respiro a quien lo mirara.
El destino de la obra
El cuadro que se quedó en la familia
La primera versión nunca salió de la familia de Van Gogh ni se vendió en vida del pintor. Tras la muerte de Theo en 1891, quedó en manos de su viuda, Johanna Bonger-van Gogh, que dedicó años a gestionar el legado de su cuñado y a organizar sus primeras exposiciones, y después pasó a su hijo, Vincent Willem van Gogh. En 1962 este la cedió, junto con el resto de la colección familiar, a la recién creada Fundación Vincent van Gogh, que en 1973 abrió el Museo Van Gogh de Ámsterdam para albergarla, donde permanece en depósito permanente desde entonces. Mucho antes, en 1889, el lienzo había sobrevivido a la inundación y a un reentelado que detuvo el desprendimiento de la pintura a tiempo.
La segunda versión, pintada en Saint-Rémy, pasó por varias colecciones privadas europeas antes de entrar en 1926 en el Instituto de Arte de Chicago, dentro de la colección conmemorativa Helen Birch Bartlett; sigue siendo una de las obras más visitadas del museo, con una fila constante de visitantes. La tercera versión, la más pequeña, la que Van Gogh regaló a su madre y a su hermana, también circuló durante años por manos privadas en Francia hasta acabar en la colección del Museo de Orsay, en París. Las tres versiones se reunieron por primera vez en la historia solo en 2016, cuando el Instituto de Arte de Chicago trajo en préstamo las de Ámsterdam y París para una exposición, junto a una reconstrucción a tamaño real de la propia habitación.
En la cultura
Diez dólares la noche dentro de una obra maestra
Para aquella exposición de Chicago en 2016, la agencia de publicidad Leo Burnett tuvo una idea insólita: alquilaron un apartamento normal en el barrio de River North y, tras un mes de trabajo, convirtieron una de sus habitaciones en una copia exacta del Dormitorio —paredes azules, sillas amarillas, suelo rojo anaranjado y toalla a rayas junto a la puerta— y la publicaron en Airbnb por diez dólares la noche. Tanta gente quiso dormir dentro del cuadro que las reservas se agotaron en pocas horas.
Parte de la fama del cuadro se debe a que, literalmente, ha cambiado de color con el tiempo: los restauradores del Museo Van Gogh descubrieron que las paredes de un lila suave que el pintor describía en sus cartas como relajantes se han descolorido hasta el azul frío actual porque un pigmento rojo inestable, mezclado con azul y blanco, se degradó con la luz, y en un corte microscópico de la pintura la parte que nunca recibió luz sigue siendo rosada y violeta. En 2010 la habitación se reconstruyó como decorado real para un episodio de la serie Doctor Who, por el que el propio Van Gogh camina. En 1992 Roy Lichtenstein reinterpretó la misma composición en su estilo pop característico, con una obra titulada Bedroom at Arles que cambia las manchas planas de color de Van Gogh por una trama de puntos. Incluso quienes nunca han entrado en un museo suelen reconocer la habitación a primera vista: el suelo inclinado y las paredes azules hace tiempo que viven fuera del lienzo, en incontables parodias donde alguien siempre intenta enderezar las paredes torcidas, y en las constantes referencias de los diseñadores de interiores a la idea de una habitación pequeña, cuidada con esmero y casi sin nada más.









