Autor
Andy Warhol
Movimiento / época
Arte pop
Técnica
pintura de polímero sintético sobre lienzo
Dónde se encuentra
Museo de Arte Moderno (MoMA), Nueva York
En la galería se colocaron sobre estantes, como latas en un supermercado.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- 32 lienzos: exactamente el número de variedades de sopa Campbell que se vendían en 1962.
- En la galería se colocaron sobre estantes, como latas en un supermercado.
- Una galería vecina, en tono de burla, expuso latas de sopa de verdad con el reclamo «cómprelas más baratas».
- Warhol reconoció que comió esta sopa a mediodía casi todos los días durante 20 años.
- La serie no se colgó a propósito como cuadros separados: la fila de cinta transportadora era justamente la idea.
Más detalles Treinta y dos lienzos de la misma lata de sopa, pintados a mano y no en serigrafía.
Que se ve en el lienzo
La misma sopa, treinta y dos veces
Frente al espectador hay treinta y dos lienzos idénticos en tamaño, de 51 por 41 cm (20 por 16 pulgadas) cada uno; en las salas permanentes del MoMA suelen colgarse en una cuadrícula apretada, cuatro filas de ocho. En cada lienzo aparece una lata de sopa Campbell's vista de frente, sin mesa ni sombra: la mitad superior de la etiqueta es roja, la inferior blanca, y entre ambas hay un medallón ovalado dorado.
Lo único que cambia de un lienzo a otro es una palabra. «Tomato», «Chicken Noodle», «Bean with Bacon», «Vegetable», «Consomme»: Warhol copió a mano los treinta y dos sabores que la Campbell Soup Company vendía en 1962, sin alterar una sola letra de la tipografía original de la marca.
Ese diseño de etiqueta llevaba más de sesenta años sin cambiar en 1962. La combinación roja y blanca no la inventó ningún diseñador: en 1898, el tesorero de la empresa, Herberton Williams, vio desde las gradas un partido entre Pennsylvania y Cornell y tomó prestados los colores del equipo de Cornell. El medallón dorado tampoco es un adorno: es una copia fiel de la medalla que la sopa ganó en la Exposición Universal de Paris de 1900. Warhol no inventó ese sello de calidad; simplemente lo trasladó al lienzo treinta y dos veces seguidas.
Aun así, el lienzo no es un cartel publicitario: la lata se ve claramente más grande que una lata real, pero muy lejos de la escala de un afiche. Un año después, al agrandar el rostro de Marilyn Monroe a casi dos metros, Warhol llevaría la idea mucho más lejos. Aquí el tamaño se eligió para que el lienzo pudiera colgarse como un cuadro y, a la vez, colocarse en un estante como un producto.
Ese mismo año Warhol produjo además tres grandes lienzos en cuadrícula que repetían un solo sabor cien o doscientas veces, en vez de variar la palabra de una lata a otra. Frente a ellos, el conjunto actual de treinta y dos es el caso menos habitual en su obra sobre sopas: lo que cambia de un lienzo a otro es la palabra, no el número de repeticiones.
Como se hizo
Un sello de goma de borrar, no serigrafía
La idea extendida de que las latas de sopa se serigrafiaron desde el principio es errónea. A comienzos de 1962, cuando Warhol pintó la serie en su estudio de la casa de Lexington Avenue 1342, todavía no había adoptado la serigrafía fotográfica; ese método entraría en su práctica recién ese otoño, tras la muerte de Marilyn Monroe en agosto. Las latas de sopa se hicieron a mano, en varios pasos sucesivos.
Primero se transfería a cada lienzo el contorno a lápiz de la lata, probablemente proyectado desde un mismo dibujo original para las treinta y dos versiones. Luego se pintaba a mano el envase y el fondo, con caseína y pintura polimérica sintética. El nombre del sabor también se proyectaba y se calcaba con pincel, por lo que la letra se parece en los treinta y dos lienzos sin ser mecánicamente idéntica: la línea tiembla un poco, como toda línea trazada a mano. Solo el motivo dorado de flor de lis en el borde inferior de la lata se aplicaba con sello, cortado en una goma de borrar, treinta y dos veces seguidas.
Ese compromiso entre la mano y el sello es el verdadero truco técnico de la serie: un artista imitando la repetición mecánica a mano, antes de tener una serigrafía real. Que las pinturas llegaran a un galerista se debió a un dato: Ivan Karp, de la galería Leo Castelli, sugirió a Irving Blum que visitara el estudio de Warhol. Blum encontró seis latas de sopa simplemente apoyadas contra la pared, en el suelo, y casi de inmediato le propuso una muestra en su joven galería de Los Angeles, Ferus.
Según el catálogo razonado de Warhol, entre noviembre de 1961 y mediados de 1962 pintó unas cincuenta latas de sopa, y solo treinta y dos de ellas, terminadas hacia junio, se convirtieron en el conjunto definitivo que finalmente expuso la Ferus Gallery.
De donde vienen las imagenes
De los anuncios de zapatos a la lata de sopa
Antes de convertirse en pintor, Warhol pasó más de una década ganándose la vida como ilustrador publicitario. Su primer encargo -dibujos de zapatos para Glamour- llegó en 1949, y desde 1955 fue el único ilustrador de la zapatería I. Miller: sus anuncios de línea suelta aparecían cada domingo en el New York Times, y Women's Wear Daily lo apodó, medio en broma, «el Leonardo del calzado». Pasó casi diez años dibujando mercancía ajena para vidrieras ajenas; en 1962 simplemente volcó esa misma mirada en su propio lienzo, sin cliente y sin eslogan.
La tradición que estaba desmontando se ve mejor por contraste. La noche estrellada de Van Gogh es un cuadro donde cada pincelada anuncia la emoción del autor; en las Latas de sopa, Warhol eliminó justamente eso: el gesto, la emoción, el toque irrepetible de la mano. Un año después aplicaría el mismo truco a una imagen todavía más venerada: en Thirty Are Better Than One repitió treinta veces la Mona Lisa, un cuadro ya multiplicado hasta el cansancio en postales y paños de cocina mucho antes de que él llegara, demostrando que el mecanismo funcionaba también con el retrato más famoso del arte occidental, no solo con una lata de sopa.
Una versión muy repetida atribuye la idea a Muriel Latow, una decoradora amiga suya que a fines de 1961 le habría sugerido pintar «algo que veas todos los días y que cualquiera reconozca, como una lata de sopa Campbell's», a cambio de un cheque de 50 dólares. La historia llega solo a través de amigos del artista, no de su propio relato.
Que paso con la obra
De un estante a 100 dólares a una compra de 15 millones
La serie se mostró por primera vez el 9 de julio de 1962 en la Ferus Gallery de Los Angeles, sin inauguración formal y sin el propio Warhol, que se quedó en Nueva York. Blum colgó los lienzos en una sola fila y, al no lograr nivelarlos, los apoyó sobre un estante de madera; así nació la asociación con la góndola de supermercado que acompaña a la obra desde entonces. Los cuadros se vendían a 100 dólares cada uno; se presentaron apenas cinco o seis compradores, entre ellos el actor Dennis Hopper, cada uno con un lienzo.
Blum decidió que la serie no debía dividirse. Recompró los lienzos ya vendidos y más tarde acordó con Warhol comprar los treinta y dos juntos por 1000 dólares, pagados en cuotas durante el año siguiente. Conservó el conjunto completo más de tres décadas, hasta que en 1996 el Museo de Arte Moderno lo adquirió entero -en parte como donación suya, en parte con fondos de varios comités del museo- en una operación valorada en unos 15 millones de dólares.
Hoy los lienzos cuelgan en la colección permanente del MoMA, normalmente en una cuadrícula de cuatro filas por ocho, la forma más práctica de encajarlos en la sala. El orden no es casual: como Warhol nunca especificó ninguno, el museo ordenó las latas cronológicamente, según la fecha de lanzamiento de cada sabor -Tomato, la más antigua, de 1897, ocupa la esquina superior izquierda-. En la muestra de 2015 «Campbell's Soup Cans and Other Works, 1953-1967», los lienzos perdieron marco y vidrio y, por primera vez dentro del museo, volvieron a su forma original: una sola fila sobre un estante, tal como los había colgado Blum en 1962.
La inauguración no solo reunió a cinco o seis compradores: la galería rival Primus-Stuart, un poco más allá de Ferus, llenó su propia vitrina con latas de sopa reales bajo un cartel que decía «No se deje engañar. Compre el original. Nuestro precio: 2 por 33 centavos», una burla directa a los 100 dólares que costaba un lienzo pintado a mano.
Su huella en la cultura
La sopa que sobrevivió a la galería
La etiqueta de «una de las obras más reconocibles del siglo XX» se le cuelga a casi cualquier cosa, pero aquí es casi literal: la lata de sopa Campbell's se ha citado más que casi cualquier otra imagen del pop art. Los Simpson recreó la pintura dos veces, en «Brush with Greatness» (1991) y «Mom and Pop Art» (1999); las latas aparecen en Austin Powers: Misión internacional (1997) y en Los Minions (2015).
Entre 1966 y 1967 la imagen pasó a un vestido de papel, el «Souper Dress», que la propia Campbell Soup Company enviaba por correo: bastaba mandar un dólar y las etiquetas de dos latas de sopa de verduras; hoy un ejemplar está en la colección del Metropolitan. En 1979, los grafiteros Fab Five Freddy y Lee Quinones pintaron un vagón del metro de Nueva York con una fila de latas de sopa, un gesto que llevó el pop art de la galería directo a la calle. En 2012, al cumplirse cincuenta años del cuadro, la propia Campbell's sacó 1,2 millones de latas de edición especial con etiquetas al estilo Warhol para los supermercados; Vans y luego Converse tomaron prestada la imagen para colaboraciones de zapatillas.
El verdadero cambio que se le atribuye a esta obra es más fácil de formular como pregunta que como lista de citas: si un objeto de la alacena puede ser tema de un cuadro de museo sin ironía y sin moraleja. Desde 1962, docenas de artistas -de Jeff Koons a Damien Hirst- han respondido que sí. Que hizo el propio Warhol con esa licencia se puede seguir en su página de autor.
Warhol dio su propia explicación a ARTnews en 1963: «Porque la tomaba. Comía lo mismo todos los días, durante veinte años, supongo, la misma cosa una y otra vez». Desde entonces esa frase se cita como el motivo de la sopa, aunque Warhol era famoso por no ser fiable con los datos sobre sí mismo.



