Henri Matisse, El taller rojo

Modernismo

El taller rojo

Todo el lienzo está empapado de rojo cadmio: Matisse pintó sobre una composición anterior, y los estudios de rayos X muestran un paisaje con árboles oculto bajo la escena del taller.

Henri Matisse · 1911

El MoMA compró el cuadro en 1949 por 40 000 dólares; su director, Alfred Barr, llevaba años detrás de él y lo llamaba el mayor Matisse que había visto jamás.

Henri Matisse, El taller rojo
El taller rojo · Museo de Arte Moderno (MoMA), Nueva York

Lo más interesante

Datos y leyendas

  • Todo el lienzo está empapado de rojo cadmio: Matisse pintó sobre una composición anterior, y los estudios de rayos X muestran un paisaje con árboles oculto bajo la escena del taller.
  • El MoMA compró el cuadro en 1949 por 40 000 dólares; su director, Alfred Barr, llevaba años detrás de él y lo llamaba el mayor Matisse que había visto jamás.
  • Matisse lo pintó en su taller de Issy-les-Moulineaux en el otoño de 1911, al volver de un viaje a España, aún deslumbrado por haber visto de cerca la azulejería morisca y la decoración islámica.
  • Casi todos los objetos representados en la sala son a su vez obras de Matisse —lienzos, esculturas, cerámicas—, lo que hace de esto, en esencia, una pintura sobre la pintura: una retrospectiva de su propia producción en una sola habitación.
  • Los muebles y la arquitectura de la sala están técnicamente presentes, pero pintados del mismo rojo plano que las paredes, de modo que la profundidad se desploma por completo: hay que buscar el borde de la mesa siguiendo una tenue línea ocre.
  • Cuando se expuso en el Salón de Otoño de París de 1912, los críticos lo ignoraron en su mayoría; hicieron falta coleccionistas estadounidenses décadas después para reconocer que este único lienzo había reescrito discretamente lo que podía ser un interior de taller.
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Más detalles Cómo un encargo para Serguéi Shchukin acabó rechazado, decorando un club nocturno e inspirando a Rothko: la historia de un estudio primero azul, rosa y ocre que se volvió rojo en una decisión radical.

El estudio era real

Matisse lo construyó para escapar del ruido de París y recuperar la concentración

En 1909 Matisse encargó un estudio prefabricado junto a su casa de Issy-les-Moulineaux, cerca de París. La propuesta describía unos diez por diez metros, muros de cinco metros y un lateral acristalado. Fue el primer espacio de trabajo diseñado enteramente para él.

El traslado tenía sentido psicológico. Tras el escándalo fauvista, Matisse sufría la crítica y el auge del cubismo de Picasso y Braque. Redujo sus clases y se apartó de París. No vemos un salón imaginario, sino el lugar donde buscó un camino propio.

Shchukin lo rechazó

El mecenas más audaz aceptó el estudio rosa, pero no el rojo

El coleccionista ruso Serguéi Shchukin pidió a Matisse un interior de estudio y le dejó elegir el tema. Compró con entusiasmo su precedente, El estudio rosa. Al recibir el boceto de El estudio rojo, se negó: inundar la habitación con un color resultó demasiado radical incluso para un defensor del arte francés nuevo.

El rechazo demuestra que no era una fórmula segura. Matisse confesó después que no entendía del todo por qué lo había pintado así. Conservó la obra dieciséis años: nació como un objeto difícil al que el público debía llegar.

La habitación no fue roja al principio

El análisis encontró suelo rosa, paredes azules y muebles ocres debajo

Conservadores del MoMA retiraron el marco, estudiaron una muestra microscópica y usaron imágenes técnicas. Bajo el rojo veneciano apareció un interior convencional: suelo rosado, muros azules y muebles amarillo ocre. Matisse construyó la sala y luego cubrió casi todo con una sola campaña roja.

Mantuvo sus pinturas, esculturas y cerámica en color, dejando muebles y arquitectura como estrechas aberturas. El contorno no está dibujado: es pintura anterior expuesta. En el centro hay un reloj sin agujas; obras reales llenan el espacio, pero el tiempo queda suspendido.

La obra maestra vivió otra vida

Antes del MoMA viajó por exposiciones y colgó en un club nocturno londinense

Mientras siguió con Matisse, se mostró en la Segunda Exposición Postimpresionista de Londres de 1912 y en el Armory Show de 1913 en Nueva York, Chicago y Boston. El público respondió con desconcierto o indiferencia.

En 1927 la compró David Tennant, fundador del exclusivo Gargoyle Club para artistas y aristócratas. Colgó allí hasta comienzos de los cuarenta, unos quince años y no diez. Después pasó al marchante Georges Keller y en 1949 el MoMA la compró a la galería Bignou.

El público alcanzó al rojo

La generación siguiente entendió el color como entorno

Ya en el MoMA, el cuadro fue decisivo para artistas estadounidenses. Mark Rothko recordaba que ante él uno no miraba el rojo: se convertía en ese color y quedaba saturado. La experiencia anticipa el Color Field, donde el color rodea al espectador en vez de describir objetos.

En 2022 MoMA y SMK reunieron por primera vez en más de un siglo las obras conservadas dentro del lienzo: seis pinturas, tres esculturas y una cerámica. La reunión confirmó la paradoja: los objetos son reales, pero el interior rojo los convierte en un único autorretrato sin mostrar al artista.

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