Autor
Egon Schiele
Movimiento / época
Expresionismo
Técnica
óleo sobre lienzo
Dónde se encuentra
Belvedere, Viena
Las sábanas arrugadas están pintadas para parecer tierra desnuda y pedregosa: suelo para una tumba.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- El hombre del cuadro es el propio Schiele; el tema se vincula a su ruptura con su modelo y amante Wally.
- Las sábanas arrugadas están pintadas para parecer tierra desnuda y pedregosa: suelo para una tumba.
- Los cuerpos angulosos y huesudos son el característico estilo nervioso de Schiele.
- A Schiele lo acusaron repetidamente de indecencia y una vez fue arrestado por sus dibujos.
- Murió a los 28 años de gripe española, tres días después de su mujer embarazada.
Más detalles Schiele se pinta como la Muerte que abraza a la amante que acaba de dejar.
Qué hay en el lienzo
Dos cuerpos sin escapatoria
El lienzo es casi cuadrado, 150 por 180 centímetros, y no contiene más que a los dos, apretados uno contra el otro, sin un solo detalle de fondo que distraiga la mirada del abrazo. El hombre lleva una prenda gris tosca, más cercana a un hábito monacal que a ropa corriente; está de rodillas, los brazos caídos, el rostro vuelto hacia un lado, la mirada perdida en algún punto más allá de ella — no mira a la mujer que lo aferra con ambas manos. Ella tiene el rostro estrecho, el cabello oscuro y revuelto, y un vestido verde manchado de óxido y rojo, sin que quede claro si es la tela o algo más inquietante. Ambas figuras tienen dedos anormalmente largos, con nudillos que sobresalen como en un atlas anatómico: Schiele dibujó manos obsesivamente toda su carrera, y aquí lleva esa angularidad casi al grotesco.
La pose se sostiene al borde del desplome: rodillas y codos forman un triángulo agudo e inestable, como si ambos cuerpos fueran a caer de lado en cualquier momento. La paleta es gris, ocre oxidado, verde sucio, negro, con un único acento vivo — una mancha roja en el cuello de la mujer. El título anuncia el tema sin rodeos, y sin embargo no hay aquí ninguna de las señas habituales de la muerte: ni guadaña, ni calavera, ni esqueleto. La Muerte de Schiele viste como un asceta y abraza como un amante, y por eso la escena se lee menos como violencia que como una despedida final e irremediable. Para lo habitual en Schiele, el lienzo es grande: solía pintar formatos verticales, alargados, casi de tamaño natural, y aquí en cambio la pareja se inscribe en un campo casi cuadrado, como tendida en un nicho con forma de losa funeraria. El contorno de las figuras está trazado con una línea negra gruesa, como cortada a cuchillo, el mismo trazo áspero que recorre sus dibujos al grafito. El fondo, por su parte, apenas está pintado: se deja claro y casi sin resolver, como si la pareja hubiese sido recortada del vacío.
En el ángulo superior derecho del cuadro aparece la firma y la fecha en letras de imprenta: EGON SCHIELE 1915. Schiele colocaba su nombre en el frente del lienzo, no en el reverso, una costumbre habitual entre los pintores cercanos a la Secesión vienesa, que trataban la firma como un trazo más de la composición y no como una simple anotación de archivo.
Cómo se hizo
Una boda, una citación militar y un espejo de estudio
1915 comprime todo un vuelco vital en pocas semanas para Schiele. El 17 de junio se casa con Edith Harms, hija de una familia vienesa modesta pero respetable; cuatro días después recibe la orden de presentarse al servicio militar en Praga — Austria-Hungría, ya bien entrada la guerra, escaseaba de soldados, y un pintor antes descartado por motivos de salud fue declarado apto. Poco antes de la boda había roto con Wally Neuzil, su modelo y compañera desde 1911. Según se cuenta, la última conversación tuvo lugar en un café del barrio vienés de Hietzing: Schiele le dijo que se casaba con Edith, pero le propuso seguir pasando unas semanas juntos cada verano, sin su esposa. Ella se negó y se marchó; no volvieron a verse. Nadie puede verificar ese diálogo más de un siglo después, pero los biógrafos coinciden en que la ruptura ocurrió. Al cabo de un mes de servicio en Praga, a Schiele lo trasladaron a Viena misma, lo bastante cerca como para volver de noche a su estudio y seguir pintando; el destino más duro, como escribiente en un campo para oficiales rusos prisioneros cerca de Mühling, no empezó hasta mayo de 1916, cuando La muerte y la doncella ya estaba terminada.
Schiele pintó el lienzo en su estudio de Hietzinger Hauptstraße 101, que había alquilado en octubre de 1912 y conservó hasta junio de 1918, casi hasta el final de su vida. Es precisamente este cuadro el que aparece en la célebre fotografía de Schiele de pie ante el gran espejo del estudio, con el lienzo sin enmarcar colgado justo detrás de él. Sus títulos de trabajo fueron mucho más neutros — primero "Hombre y muchacha", luego "Cuerpos entrelazados" — y el título actual no se fijó hasta 1917, después de que Wally muriera de escarlatina el 25 de diciembre mientras servía como enfermera de la Cruz Roja en la localidad de Sinj, en Dalmacia; tenía 23 años. El cuadro, de algún modo, se adelantó dos años a su propio nombre.
La familia de Edith —protestante, encabezada por un maestro cerrajero, y vecina del estudio de Schiele en la Hietzinger Hauptstraße— se opuso al principio a la boda. Tres años antes, en abril de 1912, Schiele había sido arrestado en la localidad de Neulengbach acusado de corromper a una menor; el tribunal retiró el cargo en dos semanas y solo quedó una multa por los dibujos considerados obscenos hallados en su casa, pero la fama de escandaloso lo acompañó durante años.
De dónde vienen las imágenes
Un tema del Renacimiento, puesto al revés
Schiele no inventó el tema de «la Muerte y la doncella»: viene del Renacimiento nórdico, donde un anciano esquelético atrapa a una joven bella como recordatorio de lo efímero de la carne — las versiones más conocidas del siglo XVI son de los maestros alemanes Hans Baldung Grien y Niklaus Manuel Deutsch, en las que un esqueleto marchito prácticamente se aferra a una joven ricamente vestida. Schiele invierte el esquema — su Muerte no es un esqueleto sino un hombre con hábito, y es la muchacha quien se aferra a él en vez de retroceder aterrada. El maestro más cercano aquí es Gustav Klimt, que había acogido a Schiele bajo su protección ya en 1907. El Beso de Klimt también muestra a una pareja envuelta en un mismo manto, también una ternura llevada al punto en que las dos figuras se disuelven una en la otra. Schiele parece tomar el mismo recurso — el manto compartido, el abrazo, la tela con motivos bajo los pies — y le exprime todo el oro, dejando ceniza y ocre: en Klimt el manto conduce al éxtasis, en Schiele a la sepultura.
Hay también un cuadro casi coetáneo: La novia del viento de Oskar Kokoschka (1913-1914), donde el artista se pintó a sí mismo junto a Alma Mahler, entrelazados en un cielo de tormenta; se hizo casi en paralelo, y ambos pintores se movían en esos años por el mismo círculo vienés, aunque hacia 1915 sus caminos ya se separaban cada vez más. Una tercera capa es una experiencia que compartió toda la escena vienesa en 1909: en la exposición de la Kunstschau, el joven Schiele vio por primera vez la pintura de Van Gogh, y esa línea nerviosa y desgarrada — pensemos en La noche estrellada — lo empujó hacia esa misma manera deformante que da los codos afilados y los dedos alargados de este lienzo.
El propio título alemán, «Der Tod und das Mädchen», es anterior a Schiele: Franz Schubert puso música en 1817 a un poema de Matthias Claudius con ese nombre, y en 1824 reutilizó su melodía en el movimiento lento de su Cuarteto de cuerda n.º 14, que desde entonces también se conoce como «La muerte y la doncella». Hacia 1900, en Viena, esa frase ya evocaba de forma directa un encuentro fatal con la muerte, y Schiele recurrió tanto a esa tradición musical como a la pintura.
Qué pasó con la obra
Del estudio del pintor al Belvedere Superior
El propio Schiele apenas llegó a ver cómo este cuadro se ganaba su reputación: murió de la gripe española el 31 de octubre de 1918, a los 28 años, tres días después de su esposa Edith, embarazada. Adónde fue exactamente el lienzo en los primeros años tras su muerte está poco documentado, pero el punto donde el rastro se vuelve firme es claro: en 1930 lo adquirió el Belvedere de Viena, y según el registro de inventario del propio museo, la compra se hizo a la Secesión de Múnich. Su número de inventario, el 3171, no ha cambiado desde entonces, y durante casi un siglo el lienzo no ha salido de las paredes del museo. El propio palacio del Belvedere Superior se construyó a comienzos del siglo XVIII como residencia de verano del príncipe Eugenio de Saboya y solo se convirtió en museo después de la Primera Guerra Mundial, de modo que el cuadro y el edificio que lo alberga son casi coetáneos en su vida de museo.
Ha formado parte de todas las grandes retrospectivas de Schiele organizadas por el Belvedere — en 1954, 1968, 1990, 2011 y de nuevo en 2018, en el centenario de la muerte del artista —, siendo cada vez uno de los ejes de la sala. Hoy cuelga en la colección permanente de pintura vienesa de cambio de siglo del Belvedere Superior, junto a obras de Klimt y de otros artistas del círculo de la Secesión, el mismo ambiente donde Schiele debutó siendo adolescente y consiguió sus primeros encargos. Para el museo es un caso inusualmente limpio: la procedencia del cuadro está documentada casi sin lagunas desde aquella compra de 1930, una rareza para una colección vienesa de comienzos del siglo XX, tan revuelta por las guerras y las ventas forzadas de esas décadas. Hoy cuelga en las salas de la Viena de 1900, en el segundo piso del Belvedere Superior, a pocos pasos del Beso de Klimt, aunque la mayor colección de Schiele del mundo no está aquí, sino en el Museo Leopold de Viena.
La compra se cerró en 1930, ocho años antes del Anschluss de 1938 y de la oleada de confiscaciones y ventas forzadas que después reordenó buena parte de las colecciones vienesas: esa coincidencia temporal explica precisamente por qué la procedencia del cuadro no arrastra ningún vacío bélico que exija una investigación de restitución, como sí ocurre con otras tantas obras de la época de la Secesión.
Su huella cultural
Una película, y una tumba hallada un siglo después
El título se ha fundido tan por completo con la historia de Schiele que en 2016 una película biográfica sobre él se tituló exactamente igual — Egon Schiele: Muerte y doncella —, dirigida por Dieter Berner y basada en la novela de Hilde Berger, que presenta el romance con Wally y el matrimonio con Edith como una trama que parece salida directamente de este lienzo; los carteles de la película citan la composición sin rodeos, dos figuras entrelazadas sobre fondo gris. La coproducción austro-luxemburguesa tuvo su estreno mundial el 26 de septiembre de 2016 en el Festival de Cine de Zúrich.
Justo cien años después de la muerte de Wally Neuzil, en 2017, historiadores y periodistas localizaron su tumba en la localidad croata de Sinj, en el cementerio de San Francisco, donde había sido enterrada el 27 de diciembre de 1917 junto a un oficial austríaco al que nunca conoció. El hallazgo dio la vuelta a las publicaciones de arte precisamente porque el nombre de Wally es inseparable de este cuadro: una mujer abandonada en su día por un matrimonio más ventajoso recuperó, un siglo después, un nombre y un lugar en el mapa — un espejo curioso de cómo su rostro ha quedado fijado para siempre en el lienzo que lleva su nombre. La composición misma — una pareja fundida en un abrazo al borde de la caída — se ha convertido desde entonces en una especie de taquigrafía visual del amor tóxico o condenado, y aparece en carteles y portadas de libros; las publicaciones de museos suelen imprimirla junto al Beso de Klimt como contrapunto: allí la euforia dorada del abrazo, aquí el mismo abrazo, pero al otro lado de una ruptura.
La película biográfica de 2016 tuvo una segunda vida: en julio de 2025 el Neue Galerie de Nueva York, dedicado al arte vienés y alemán de comienzos del siglo XX, volvió a proyectarla dentro de su ciclo «Burning Passions: Love and Creativity», centrado en artistas y sus amores tormentosos. Las entradas se agotaron con antelación.


