Jeff Koons, Perro globo

Neo-pop

Perro globo

Está fundido en acero inoxidable, pero parece un globo hinchable y ligero: una ilusión óptica de una tonelada.

Jeff Koons · 1994-2000Colecciones privadas y museos

En 2013 la versión naranja se vendió por 58,4 millones de dólares, entonces un récord para un artista vivo.

Jeff Koons, Perro globo
Perro globo · Colecciones privadas y museos

Lo más interesante

Datos y leyendas

  • Está fundido en acero inoxidable, pero parece un globo hinchable y ligero: una ilusión óptica de una tonelada.
  • En 2013 la versión naranja se vendió por 58,4 millones de dólares, entonces un récord para un artista vivo.
  • Hay cinco colores: naranja, azul, magenta, amarillo y rojo, todos únicos.
  • La superficie de espejo refleja al espectador y lo convierte en parte de la obra.
  • Koons ha demandado y ha sido demandado en litigios sobre los derechos de autor de imágenes «banales».
Source: Wikipedia

Valor estimado

Cuánto vale hoy

El Perro globo naranja se vendió en Christie's en 2013 por 58,4 millones de dólares, entonces un récord para un artista vivo.

Más detalles Una tonelada de acero pulido que se hace pasar por un globo de cumpleaños, y que en el camino arruinó el presupuesto de una muestra en el Guggenheim.

Lo que se ve

Un globo que pesa como un rinoceronte

Lo que hay delante del espectador es un teckel de tres metros en metal reluciente, como si alguien lo hubiera inflado de un solo soplido y anudado el hocico igual que hacen los payasos en las fiestas infantiles. Las medidas no son ninguna broma: 307 centímetros de largo, 363 de alto y 114 de fondo, más alto que una persona y más ancho que una puerta estándar. La superficie está pulida hasta el espejo, y en ella, como en un espejo deformante de feria, se distorsiona todo alrededor: el suelo de la sala, las caras de los visitantes, las obras vecinas en la pared. Cada detalle —los pliegues en las patas, la arruga del hocico, el lazo de la cola— está pensado para imitar el caucho y el aire atrapado, reproduciendo con precisión milimétrica el pliegue exacto que haría un globo real.

De las cinco versiones existentes, el color cambia el ánimo y también lo que refleja realmente la superficie: la versión naranja, cálida, parece casi iluminada por dentro; la azul, fría, parece de cristal. No se ve ninguna costura, aunque bajo esa piel aparentemente uniforme hay cientos de paneles de acero soldados entre sí. La pieza no se alza sobre un pedestal en el sentido habitual: simplemente está puesta en el suelo, como un juguete abandonado en mitad de una fiesta. Esa ausencia de pedestal importa: Koons borra la frontera entre obra de arte y objeto corriente, para que por un segundo se olvide que lo que hay delante es una estructura de acero inoxidable que pesa lo mismo que un rinoceronte adulto, no aire encerrado en goma.

Cómo se hizo

La muestra del Guggenheim que nunca abrió

La idea nació en 1994, cuando Koons empezó a trabajar en Celebration, un gran ciclo de esculturas y cuadros construido alrededor de la imaginería festiva: tartas, guirnaldas, serpentinas, juguetes infantiles. Balloon Dog debía presentarse en una muestra de 1996 en el Guggenheim de Nueva York. Esa muestra nunca llegó a celebrarse: la producción se alargó demasiado y costó demasiado. Los modelos de escayola se escaneaban digitalmente para convertirlos en planos de ingeniería, las láminas de acero se cortaban en cientos de piezas mediante láser y conformado rotativo, y luego esas piezas se soldaban, se lijaban y se pulían a mano durante miles de horas por superficie; en el momento de mayor actividad, más de 75 ayudantes e ingenieros trabajaban a la vez para Koons.

Hacia finales de los años noventa el dinero para Celebration se agotó: el galerista Jeffrey Deitch, que financiaba el proyecto, tuvo que vender la mitad de su propia galería a Sotheby's, y el propio Koons se vio con una deuda fiscal de tres millones de dólares y un estudio reducido a dos personas. La obra pudo terminarse solo cuando Koons regresó a la galería Sonnabend y Larry Gagosian aceptó financiar las piezas pendientes a cambio del derecho a venderlas. Las cinco versiones de color se completaron por etapas hasta el año 2000, es decir, una sola escultura tardó unos seis años en llegar a su forma final. La mayoría de las piezas de acero de color de Koons de esta época las fabricó Carlson & Co., un taller especializado que cerró en 2010. Koons firma la obra, pero decenas de manos la construyeron; el artista actuaba más como un director de ingeniería que aprueba bocetos y tolerancias.

De dónde viene

Del conejo de vinilo al teckel de acero

Koons llegó a Balloon Dog tras casi quince años de trabajo propio. Ya en 1978, apenas empezaba a exponer, hizo la serie Inflatables: flores hinchables de vinilo y un conejo colocados junto a espejos, cruzando un objeto de consumo masivo con el recurso clásico del reflejo. En 1986 llegó Rabbit, otro juguete inflable, esta vez fundido en acero inoxidable pulido; en 2019 esa pieza superaría el propio récord de Koons al venderse en Christie's por 91,1 millones de dólares. Balloon Dog es una extensión directa de esa misma idea, ampliada al tamaño de una escultura de jardín y multiplicada en toda una camada de gemelos de colores.

Otra raíz pasa por la serie Banality de finales de los ochenta, donde Koons trabajó deliberadamente con el kitsch —enanos de jardín, animales de peluche, imágenes publicitarias brillantes— y, según algunos críticos, hasta con ecos de composiciones de Leonardo, cuya Mona Lisa se convirtió en el mismo tipo de icono sobreexplotado que después sería Balloon Dog. Koons no mira ese kitsch por encima del hombro: lo presenta tal cual, por eso su escultura está más cerca del oficio de un payaso de cumpleaños que de la tradición museística del asunto elevado que representó en su día, por ejemplo, El beso. Es revelador que nunca dignificara la forma del globo: no le añadió expresión ni corrigió las proporciones propias del caucho barato. Simplemente tradujo a un material eterno el reconocimiento que la cultura de las fiestas infantiles ya le había dado a esa imagen.

El destino de la obra

58,4 millones de dólares en una sola noche

Las cinco versiones de color han seguido caminos distintos. La azul pertenece al coleccionista y filántropo Eli Broad y hoy se exhibe en su museo, The Broad, en Los Ángeles, abierto al público. La magenta es del magnate francés François Pinault, uno de los mayores coleccionistas de arte contemporáneo del mundo. La roja está en manos del industrial griego Dakis Joannou, mecenas desde hace décadas del arte contemporáneo a través de su propia fundación. La amarilla se quedó con Steven Cohen, fundador del fondo de cobertura SAC Capital. La naranja fue la que cambió de manos más ruidosamente: el 12 de noviembre de 2013, en la subasta vespertina de Christie's en Nueva York, se vendió a un comprador anónimo que pujó por teléfono, por 58.405.000 dólares, frente a una estimación previa de unos 55 millones. La vendedora fue el magnate editorial y coleccionista Peter Brant, que había comprado la escultura al propio Koons años antes.

En ese momento, la cifra estableció el récord de subasta para una obra de un artista vivo, un récord que el propio Koons batió seis años después con ese mismo Rabbit de 1986. Además de las cinco grandes versiones en acero, existe una tirada limitada en porcelana de Balloon Dog, producida por la casa francesa Bernardaud: 799 piezas de 41 centímetros de alto, valoradas en unos 42.000 dólares cada una. Esa tirada resultó frágil en el sentido más literal: el 19 de febrero de 2023, en la feria Art Wynwood de Miami, una visitante tocó con un dedo una de las piezas de porcelana, que cayó y se hizo pedazos ante el público. Las cinco versiones originales en acero no corren ese riesgo: viajan entre residencias privadas y salas de museo, aunque no existe un registro público completo de sus movimientos, porque la mayoría de las operaciones entre coleccionistas privados no se revela.

Su huella en la cultura

El perro al que quisieron prohibir, y que prohibió a otros

El reconocimiento de Balloon Dog hace tiempo que desbordó las galerías de arte contemporáneo. En 2010, los abogados de Koons enviaron cartas de cese y desistimiento por unos sujetalibros con forma de perro-globo, fabricados por la empresa canadiense IMM Living y vendidos por una pequeña tienda de San Francisco llamada Park Life. El caso se apodó "Balloon Gate" y terminó jugando en contra de Koons: la comunidad en internet señaló que la silueta de perro retorcido en globo era un recurso de payasos callejeros muy anterior a Koons, no una invención suya. En 2011 Koons retiró la demanda y dejó que la tienda siguiera vendiendo los sujetalibros, siempre que no usara su nombre para promocionarlos. La ironía es que el propio Koons ya había perdido más de un pleito por derechos de autor como demandado: el más sonado, en 1992, cuando un tribunal falló en contra suya por String of Puppies, una escultura copiada casi al detalle de una fotografía ajena.

La imagen del perro-globo también se filtró a terrenos más ligeros: Grand Theft Auto Online incluye un trofeo paródico llamado "Yellow Dog with Cone", un perro amarillo con un collar isabelino en vez de la pose orgullosa del original. En la película animada de 2023 Spider-Man: Across the Spider-Verse, la versión azul aparece un instante en una escena ambientada dentro del Guggenheim, apostando claramente a que el público la reconociera sin necesidad de rótulo. Para el mercado del arte, Balloon Dog se ha convertido en una especie de emblema de época: la prueba de que el arte contemporáneo puede costar más que los viejos maestros y, a la vez, de que una imagen tan simple e infantil puede valer cualquier cifra que el mercado esté dispuesto a pagar.

En qué fijarse

Qué observar

  • Capta tu reflejo en el acero: te vuelves parte de la obra.
  • Compara la ligereza «hinchable» de la forma con el peso real del metal.
  • Piensa dónde termina el kitsch y empieza el arte: ese es el tema.

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