Fuente de la introducción: Wikipedia (ES)
Autor
Leonardo da Vinci
Movimiento / época
Alto Renacimiento
Técnica
pluma y tinta sobre papel
Ubicación
Gallerie dell'Accademia, Venecia
En realidad son dos dibujos superpuestos en una sola hoja: Leonardo trazó una posición de brazos y piernas y luego superpuso la segunda sin borrarla, creando la figura de ocho miembros que conocemos; el papel mide solo unos 34 × 24 cm, más o…
Lo más interesante
Datos y leyendas
- En 2019 un tribunal de Venecia, por una demanda de Italia Nostra, suspendió primero el préstamo del dibujo al Louvre, pero luego desestimó el caso, y el Hombre de Vitruvio sí viajó a la muestra por el 500.º aniversario de Leonardo.
- En realidad son dos dibujos superpuestos en una sola hoja: Leonardo trazó una posición de brazos y piernas y luego superpuso la segunda sin borrarla, creando la figura de ocho miembros que conocemos; el papel mide solo unos 34 × 24 cm, más o menos un A4.
- La hoja estuvo en manos privadas durante siglos antes de que las Gallerie dell'Accademia la adquirieran en el siglo XIX; antes pasó por el legado del escultor Giovanni Antonio Boltraffio y más tarde por el coleccionista veneciano Giuseppe Bossi, que intentó (sin éxito) pintar su propia versión monumental.
- Leonardo llenó los márgenes de densas notas manuscritas en su característica escritura especular —de derecha a izquierda— con proporciones exactas: el rostro es una décima parte de la altura total, el pie una séptima, el antebrazo equivale al pie.
- La identidad del modelo nunca se ha confirmado; un estudio de antropología forense de 2012 en la Universidad de Chieti comparó las proporciones con medidas óseas conocidas y concluyó que Leonardo se usó probablemente a sí mismo como referencia: su propia envergadura coincide casi exactamente con la de la figura.
- El dibujo ilustra una afirmación concreta del antiguo Vitruvio según la cual un hombre bien proporcionado puede inscribirse a la vez en un círculo (con el ombligo como centro) y en un cuadrado (con los genitales como centro); Leonardo notó que esos dos centros no coinciden, corrigiendo discretamente a Vitruvio en lugar de limitarse a ilustrarlo.
Más detalles Leonardo resolvió una geometría que nadie más lograba cuadrar, y el resultado lleva siglos escondido de la luz.
Qué hay en la hoja
Una hoja, dos hombres, ni una pizca de color
La hoja mide 34,4 por 24,5 centímetros, poco más que una página grande de cuaderno. No hay pintura: solo pluma y tinta ferrogálica que el tiempo volvió de un pardo rojizo, con una ligera aguada aplicada sobre un dibujo previo trazado con punta metálica. En el centro, un hombre desnudo encajado a la vez en un círculo y en un cuadrado.
Si se mira con atención, en realidad hay dos hombres superpuestos. Uno está de pie, pies juntos y brazos extendidos en horizontal, con las palmas tocando los lados del cuadrado y los pies sobre su base. El segundo se dibuja encima: piernas muy abiertas, brazos alzados en diagonal, dedos de manos y pies rozando la circunferencia. Las dos figuras no comparten centro, algo poco habitual: el círculo se centra en el ombligo, el cuadrado en la ingle. Antes de Leonardo, nadie había logrado que un mismo cuerpo encajara en ambas figuras sin ese desdoblamiento del centro.
Los márgenes están cubiertos de una escritura especular densa, de derecha a izquierda, ilegible sin un espejo y no pensada para ningún espectador. Son cálculos personales de Leonardo: la proporción entre el pie y la palma, entre la palma y el codo, entre el codo y la estatura completa. En la parte superior anota toda la cadena que atribuye a Vitruvio: cuatro dedos hacen una palma, cuatro palmas un pie, seis palmas un codo, cuatro codos la estatura de un hombre. Añade una ecuación propia: la envergadura de los brazos extendidos es igual a la estatura, la misma igualdad que permite que la figura toque los cuatro lados del cuadrado. Con lupa aún se ven los pinchazos que dejó el compás y el rastro de la punta metálica bajo la tinta: prueba de que el círculo y el cuadrado se construyeron con instrumentos, no a ojo. El color apenas existe. El papel se ha amarilleado, la tinta se ha apagado hasta un ocre mate. Nada en esta hoja se pensó para colgar en una pared.
Cómo se hizo
Nadie se lo encargó
Hacia 1490 Leonardo rondaba los cuarenta años, vivía en Milán y trabajaba para el duque Ludovico Sforza, apodado "el Moro". Nadie le pidió este dibujo: ni la corte, ni la Iglesia, ni un editor. Es una página de sus cuadernos de trabajo, de esos donde las notas de anatomía conviven con bocetos de fortificaciones y de mecanismos. Un año o dos antes ya había intentado llevar la medida exacta a la arquitectura: en 1487 presentó un proyecto para el tiburio, la cúpula del crucero de la catedral de Milán, y construyó un modelo de madera, pero el encargo acabó en manos de los constructores locales Amadeo y Dolcebuono, que le devolvieron el modelo.
El detonante fue Vitruvio: en su tratado "Los diez libros de arquitectura" afirmaba que el cuerpo de un hombre bien proporcionado encaja a la vez en un círculo y en un cuadrado. Otros en la corte Sforza ya habían intentado dibujar esa idea, entre ellos el arquitecto y amigo de Leonardo, Giacomo Andrea da Ferrara, y la geometría nunca terminaba de cuadrar: con un único centro compartido, la figura se salía de una de las dos formas o quedaba floja dentro de ella. Leonardo lo resolvió como un ingeniero: separó los centros y ajustó la postura hasta que un solo cuerpo satisficiera las dos figuras sin trampa.
No se conserva ningún boceto preparatorio de esta hoja, si es que existió alguno. Lo que sí ha quedado es la prueba de que la construcción fue anterior a la tinta: bajo el dibujo hay una capa de punta metálica, y el papel guarda diminutos pinchazos de compás justo donde empezaba cada arco. Tampoco se ha identificado jamás al modelo: ningún documento, de la época ni posterior, da un nombre.
De dónde vienen las ideas
Resolver lo que Vitruvio dejó a medias
Vitruvio escribió su tratado como ingeniero militar bajo Augusto, en el siglo I antes de Cristo, pero Italia solo lo leyó de verdad cuando empezaron a circular ediciones impresas de "Los diez libros" en la década de 1480. La idea de que las proporciones del cuerpo obedecen las mismas leyes que las de un edificio recorrió a toda una generación de humanistas; Leonardo fue quien encontró la manera de dibujarla de modo que la geometría realmente funcionara. La idea de encajar a un hombre en un círculo y un cuadrado no era nueva. El arquitecto Francesco di Giorgio Martini ya había intentado ilustrarla en la década de 1480, aunque sus figuras resultaron bastante toscas junto a la solución de Leonardo. Este casi con seguridad conocía aquel intento de primera mano: poseía un manuscrito de Francesco di Giorgio y había llenado sus márgenes de anotaciones propias.
Hacia 1490 llevaba ya diez años de dibujos anatómicos a sus espaldas, hechos en paralelo a retratos y retablos por encargo, no en su lugar. Esa misma obsesión por la medida que aquí queda a la vista como un esquema recorre, mucho más oculta, otras obras suyas. En La Gioconda no hay compás ni cuadrícula visibles, pero la construcción del rostro y de las manos responde a la misma lógica de proporción, solo que enterrada bajo la pintura en vez de expuesta en tinta.
Junto a esta vía matemática hacia el cuerpo ideal existe otra completamente distinta: el mito. El nacimiento de Venus de Botticelli, pintado un par de décadas antes, prescinde de la medida y busca el cuerpo perfecto en una diosa que emerge de una concha. Los dos pintores persiguen la misma pregunta del Renacimiento, qué aspecto tiene un cuerpo humano perfecto, pero Leonardo la responde en geometría y Botticelli en mito.
El destino de la obra
De un anticuario milanés a un tribunal de Venecia
Cuando Leonardo murió en 1519, sus papeles pasaron a su discípulo y heredero Francesco Melzi. Desde ahí el rastro es inusualmente claro: en el siglo XVII la hoja pertenecía al coleccionista milanés Cesare Monti, después a su heredera Anna Luisa Monti, y en 1777 pasó a Venanzio de Pagave y más tarde a su hijo Gaudenzio. Este la vendió al pintor y coleccionista Giuseppe Bossi, que la publicó e ilustró en su propio estudio de 1810 sobre "La última cena": ahí empezó a conocerse mucho más allá de un puñado de propietarios privados.
Bossi murió en 1818, y las autoridades austriacas compraron toda su colección, unos 1800 dibujos, para la recién creada Academia de Bellas Artes de Venecia. La hoja entró formalmente en las Gallerie dell'Accademia en 1822 y no ha salido de la ciudad de forma permanente desde entonces, aunque se exhibe muy pocas veces: el papel es demasiado frágil y la tinta demasiado sensible a la luz para más que apariciones breves y muy controladas cada varios años. Se mostró en 2009 en la muestra "El Hombre de Vitruvio entre arte y ciencia", y de nuevo en 2013 en "Leonardo da Vinci: el Hombre Universal", su primera aparición pública en casi treinta años. La siguiente vez que se exhibió fue ya en 2025, en la muestra "Corpi Moderni".
El episodio más sonado llegó en 2019. El Louvre preparaba una retrospectiva por el quinto centenario de la muerte de Leonardo y pidió la hoja en préstamo. La asociación Italia Nostra demandó ante un tribunal veneciano, alegando que el viaje dañaría un papel irremplazable. Un juez suspendió el préstamo; semanas antes de la inauguración, un tribunal de apelación desestimó la demanda. El dibujo viajó a París bajo estrictos límites de luz y de tiempo de exposición, y el Louvre correspondió enviando a Roma dos cuadros de Rafael, por el aniversario del propio Rafael ese mismo año.
Su huella en la cultura
El hombre que todos llevan en el bolsillo
Desde 2002 el dibujo viaja en las carteras de los italianos: Italia lo eligió para la moneda de un euro, la más usada de todas, y las encuestas la han votado repetidamente como la moneda más bonita de toda la eurozona. Una página de un cuaderno privado del siglo XV se convirtió en una de las imágenes del cuerpo humano más reproducidas de la historia; casi nada la iguala en reconocimiento.
La figura dentro del círculo y el cuadrado se independizó de la hoja original hace mucho y pasó a significar, sin más, "ser humano": aparece en la señalización de hospitales, en logotipos de marcas deportivas y tecnológicas, y en incontables parodias que cambian al hombre por un robot, un atleta o un superhéroe en la misma postura. La novela de Dan Brown "El código Da Vinci", en 2003, envolvió la imagen en un aura de proporción áurea y conspiración, y desde entonces se reconoce muy lejos de los círculos interesados en historia del arte.
Quién posó realmente sigue sin resolverse. Una teoría sostiene que es un autorretrato: Leonardo rondaba los cuarenta cuando lo dibujó, y el rostro coincide en parte con otras imágenes que se le atribuyen. Otra apunta a Salai, su discípulo y compañero de toda la vida. La mayoría de los especialistas, entre ellos el historiador del arte Martin Kemp, sostienen que no es un retrato en absoluto, sino una figura idealizada y genérica, lo que significa que la pregunta nunca tendrá respuesta. Hay una tercera teoría, menos favorecedora: que el modelo fue un cadáver, ya que Leonardo sí asistía a disecciones y pudo haber tomado las medidas de un cuerpo muerto y no de un modelo vivo. Casi nadie, mientras tanto, ha visto la hoja original en persona: pasa los años a oscuras, en un depósito, y el mundo la conoce solo por reproducciones.





