Autor
René Magritte
Movimiento / época
Surrealismo
Técnica
óleo sobre lienzo
Dónde se encuentra
Colección privada
Magritte decía que la manzana oculta el rostro, y el espectador siempre quiere ver lo oculto: ese es todo el tema.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- Es un autorretrato: el hombre del bombín es el propio Magritte, aunque nunca vemos el rostro.
- Magritte decía que la manzana oculta el rostro, y el espectador siempre quiere ver lo oculto: ese es todo el tema.
- Mira de cerca: el brazo izquierdo del hombre se dobla al revés por el codo, un «error» deliberado.
- El bombín y la manzana se han vuelto símbolos-meme, citados en el cine, la publicidad y los videoclips.
- El cuadro está en una colección privada y rara vez se exhibe: el público lo conoce sobre todo por reproducciones.
Valor estimado
Cuánto vale hoy
El hijo del hombre está en una colección privada y rara vez se expone; las obras de Magritte han alcanzado 79 millones de dólares en subasta.
Más detalles Cómo la petición de un amigo puso a Magritte en un aprieto, por qué ocultó su propio rostro tras una manzana y cómo ese obstáculo se convirtió en uno de los iconos del siglo XX.
Todo empezó con una petición incómoda
Harry Torczyner encargó un retrato y Magritte vio un problema de conciencia
El abogado, coleccionista y amigo neoyorquino Harry Torczyner propuso el encargo en una carta del 28 de junio de 1963. Quería un retrato de Magritte, no la imagen académica de un pintor ante el caballete.
Magritte respondió que ya se había incluido en cuadros, pero nunca con la intención inicial de autorretratarse. No prometió una solución: la inspiración tendría que aparecer sola. El futuro icono nació del reconocimiento de no saber cómo mostrarse.
La respuesta apareció casi por azar
Una gouache no pensada como autorretrato proporcionó la fórmula
En la primavera de 1964 pintó la gouache El gusto de lo invisible: un hombre con bombín junto a un muro bajo, con una manzana verde ante el rostro. Solo después comprendió que esa combinación resolvía la petición.
El lienzo quedó terminado a finales de julio y llegó a Nueva York en agosto. Torczyner recibió un retrato paradójico: ropa y actitud recuerdan a Magritte, pero el rasgo que debía fijar la identidad, la cara, está deliberadamente negado.
El bombín era camuflaje, no extravagancia
Magritte eligió el uniforme de quien no quiere destacar
El propio artista llevaba bombín y apreciaba que no tuviera nada de original. No quería representar en la calle al surrealista excéntrico y vestía con sobriedad casi provocadoramente burguesa.
Esa normalidad se vuelve inquietante. Caballero, mar, muro y cielo son plausibles; solo su relación resulta imposible. La manzana suspendida convierte el traje reconocible en una envoltura anónima.
La manzana muestra mientras impide ver
El cuadro enfrenta la curiosidad del espectador con una prohibición
Magritte habló del combate interminable entre lo visible aparente y lo visible oculto: cada cosa tapa otra. La manzana está perfectamente expuesta, pero vuelve inaccesible el rostro. Un ojo asoma por el borde y aumenta el deseo de mirar detrás.
Manzana y título provocan asociaciones bíblicas, aunque Magritte rechazó una lectura teológica obligatoria. El nombre fue sugerido por Irène Hamoir, esposa de su amigo Louis Scutenaire: intensifica el misterio sin resolverlo.
Un autorretrato raro se volvió máscara universal
El cuadro privado entró en exposiciones, cine y memoria popular
Es uno de los pocos autorretratos de Magritte. El pintor apreció tanto la solución que repitió la pose en fotografías de mediados de los sesenta. La obra se mostró en la Tate, el Centre Pompidou y el Metropolitan sin dejar de ser privada.
Después ocupó un lugar central en la película El caso Thomas Crown de 1999 y generó innumerables citas. Es fácil parodiarla, pero difícil agotarla: al desaparecer la cara, el hombre puede ser artista, propietario o cualquier espectador que intenta ver lo prohibido.



