Fuente de la introducción: Wikipedia (ES)
Dos personas están sentadas una junto a la otra en mesas de mármol unidas de un café, pero miran en direcciones opuestas.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- Cuando L'Absinthe se expuso en Londres en 1893, los críticos británicos se sintieron tan ofendidos por su tema —una mujer de mirada vacía derrumbada sobre un vaso de absenta— que desató un debate público en la prensa sobre si representar la degradación podía considerarse arte.
- Degas usó a personas reales como modelos: la mujer es la actriz y modelo de artistas Ellen Andrée, y el hombre es el grabador Marcellin Desboutin; ninguno de los dos era bebedor, lo que hace que el aire de estupefacta miseria del cuadro sea enteramente invención de Degas.
- El cuadro estuvo años sin vender en el taller de Degas; lo compró un coleccionista británico, Henry Hill de Brighton, en 1876 por solo 180 libras, y el mundo del arte lo ignoró en gran medida hasta que la exposición londinense de 1893 lo convirtió en un escándalo.
- El análisis con rayos X ha revelado que Degas hizo cambios importantes de composición durante la ejecución, entre ellos desplazar la posición de las figuras y reelaborar la disposición de la mesa para crear el incómodo hueco psicológico entre ambos personajes.
- La bebida del vaso de la mujer es de un verde pálido y lechoso —el color real de la absenta—, y la botella de absenta visible en la mesa de la izquierda es una de las pocas pistas explícitas que dejó Degas, ya que el título no era el original con el que la expuso.
- Tras su escándalo londinense, el cuadro se subastó en 1892 y volvió a manos francesas; con el tiempo entró en la colección del Museo de Orsay, donde cuelga hoy como uno de los cuadros psicológicamente más incómodos del impresionismo.
Más detalles Cómo una escena montada en el estudio se convirtió en una imagen de la soledad urbana: qué muestra el lienzo, de qué lenguaje visual surgió, el camino que recorrió el cuadro de Brighton al Museo de Orsay y por qué un vaso de absenta acabó en escándalo público.
Dos desconocidos en una mesa vacía
Lo que realmente muestra el lienzo
Dos personas están sentadas una junto a la otra en mesas de mármol unidas de un café, pero miran en direcciones opuestas. La mujer, con sombrero y un vestido cerrado hasta el cuello, tiene la mirada clavada en el suelo y las manos flojas sobre el regazo; ante ella hay un vaso con un líquido verdoso y turbio: absenta de verdad. El hombre a su lado, con gorra plana, sostiene una pipa y mira hacia otro lado; ante él hay un mazagrán, café frío que en el siglo XIX se usaba contra la resaca. Muchos espectadores pasan por alto este segundo vaso y leen la escena como el retrato de una mujer sola.
El primer plano queda casi vacío: las mesas desnudas ocupan la mitad inferior del lienzo antes de que la mirada llegue siquiera a las figuras, empujadas hacia la esquina superior derecha. Detrás, un espejo refleja solo formas oscuras y sin detalle. La paleta es contenida —marrones terrosos, grises y verdes oliva—, y el único acento de color es el brillo verdoso del vaso. Óleo sobre lienzo, de unos 92 × 68 cm.
Las mesas del café eran de mármol auténtico, mobiliario habitual en los cafés parisinos de la época. La luz interior es difusa, sin sombras marcadas, lo que aplana la escena y le da un aire cercano al de un fotograma. Nada en la ropa ni en el entorno fija una hora exacta del día; solo queda la sensación general de una hora detenida y vacía.
Una escena montada, no un apunte
Cómo construyó Degas el café en su estudio
A pesar de su aire de instantánea, Degas pintó el cuadro en su estudio entre 1875 y 1876, no en el lugar mismo. Pidió a dos conocidos que posaran como los protagonistas: la actriz Ellen Andrée hizo de mujer, y el pintor y grabador Marcellin Desboutin, de hombre. Ninguno de los dos representaba su propia vida: se trata de una escena construida, no del registro documental de bebedores reales.
El escenario era una dirección parisina real, el Café de la Nouvelle-Athènes en la Place Pigalle, punto de encuentro de artistas y escritores, entre ellos Manet y Zola. Pero que el café fuera real no volvía reporteril el método: el encuadre asimétrico, el primer plano vacío y la sensación de figuras captadas por sorpresa fueron calculados con cuidado. La obra circuló primero bajo títulos como En un café, Apunte de un café francés y Figuras en un café; así se mostró en la Segunda Exposición Impresionista de 1876, donde la crítica ya la llamó fea y repugnante.
Degas pertenecía al círculo de pintores a quienes el poeta y crítico Charles Baudelaire había instado a convertirse en «pintores de la vida moderna», y el café de la Place Pigalle funcionaba casi como cuartel general de ese grupo: la misma dirección se menciona a veces como punto de encuentro del llamado grupo de Batignolles, del que formaban parte Manet, Degas y los impresionistas más jóvenes. Marcellin Desboutin, quien interpretó al hombre, aparece como modelo reconocible en otras obras de Degas; pertenecía a ese mismo círculo artístico.
Un grabado, una fotografía, una novela sobre la ruina
El vocabulario visual del que partió Degas
El encuadre recortado y descentrado debe mucho al grabado japonés ukiyo-e, de moda en el París de la década de 1870, y a la nueva estética instantánea de la fotografía. Ambos rompían con la simetría académica, que colocaba a las figuras principales en el centro del lienzo. En manos de Degas, esa asimetría deja de ser un préstamo decorativo: el espacio vacío entre el espectador y los personajes los mantiene separados.
Un interés parecido por el lado sombrío del ocio parisino recorre las escenas de café-concierto y bebedores solitarios que Édouard Manet ya había pintado antes. La obra suele emparejarse con la novela de Émile Zola sobre el alcoholismo ruinoso, La taberna —aunque el libro apareció un año después del cuadro, por lo que se trata más de un tema compartido en la cultura naturalista que de una fuente directa. Degas exponía con regularidad junto a Renoir y Monet, y del mismo círculo impresionista salieron el Baile en el Moulin de la Galette de Renoir y las series de Monet La estación de Saint-Lazare y Los almiares: un mismo grupo de artistas, cada uno atento a un rincón distinto de la vida moderna, del salón de baile a la estación y la mesa de café.
El propio Manet tenía un precedente temprano: su cuadro de 1859 El bebedor de absenta, que muestra a un bebedor solitario en una calle de París y que el jurado oficial del Salón rechazó igualmente por considerarlo un tema demasiado bajo. Degas no tenía por qué pensar en ese lienzo en concreto, pero el interés de esa generación por el bebedor urbano solitario es anterior a L'Absinthe y continuó bastante después.
De Brighton al Museo de Orsay
El largo camino del cuadro hasta la pared de un museo
El primer propietario del cuadro fue el coleccionista inglés Henry Hill, de Brighton, que lo compró justo después de la exposición de 1876. Permaneció en su colección hasta 1892, cuando se vendió en Christie's de Londres, según se cuenta, entre silbidos del público. Después pasó por varios comerciantes —Alexander Reid y Arthur Kay en Glasgow, la casa parisina Martin & Camentron, de nuevo Reid— y, ya con el nuevo título L'Absinthe, se expuso en 1893 en las Grafton Galleries de Londres, donde provocó el sonado escándalo en la prensa británica.
Hacia ese mismo año, 1893, el cuadro fue adquirido por el coleccionista parisino conde Isaac de Camondo, que lo conservó hasta su muerte en 1911, cuando pasó al Louvre por legado testamentario. Desde allí, en 1986, con la apertura del Museo de Orsay, el lienzo se trasladó junto con el resto de la colección impresionista a su ubicación actual. El título oficial del museo sigue siendo En un café; L'Absinthe figura como el otro nombre, el que se volvió de uso común.
La exposición londinense de 1893 en la que el cuadro alcanzó su fama escandalosa fue organizada por la Society of French Artists en las Grafton Galleries, una sede institucional reconocida en la escena artística británica, lo que dio a la polémica un peso mayor que si hubiera ocurrido en una galería menor.
El vaso que se convirtió en leyenda
Cómo una escena montada se volvió símbolo de una época
El escándalo londinense de 1893 golpeó tanto al cuadro como a sus modelos: Ellen Andrée tuvo que declarar públicamente que no era una bebedora ni una mujer perdida, sino una actriz que había interpretado un papel. El lienzo terminó en el centro de las disputas británicas sobre los peligros del alcohol, la vulgaridad de las costumbres francesas y los límites de lo admisible en pintura: se leyó como documento y advertencia más que como arte.
La propia absenta, el «hada verde», no se prohibió en Francia hasta 1915, en parte en medio del mismo pánico moral que este cuadro ayudó a fijar en la conciencia pública. Hoy se interpreta de forma más amplia, como una de las primeras imágenes convincentes de la soledad urbana en medio de la multitud, un estado de ánimo al que después volvieron artistas muy distintos al pintar bares vacíos y clientes silenciosos de café. El propio Degas evitó durante años mostrar el cuadro al gran público, receloso justamente de las lecturas moralizantes que, al final, lo alcanzaron igual.
El tema del bebedor solitario de café no terminó con Degas: a principios del siglo XX, un joven Pablo Picasso lo retomó en clave muy distinta con Mujer bebiendo absenta (1901), uno de los primeros gestos claros de su periodo azul. El mismo motivo —un vaso de absenta y una figura solitaria ante una mesa— siguió reapareciendo en la pintura europea durante varias décadas.




