El famoso maestro de ballet Jules Perrot, que aparece en el centro apoyado en su bastón, ya estaba jubilado y rondaba los setenta años cuando Degas lo representó; lo pintó de memoria y a partir de viejos grabados, pues Perrot llevaba tiempo de…

Lo más interesante
Datos y leyendas
- Degas pintó al menos dos versiones importantes de una clase de danza —la del Museo de Orsay (h. 1871) y otra mayor y más elaborada del Museo Metropolitano de Arte (1873-76)— y reelaboró el tema con obsesión durante más de dos décadas.
- El famoso maestro de ballet Jules Perrot, que aparece en el centro apoyado en su bastón, ya estaba jubilado y rondaba los setenta años cuando Degas lo representó; lo pintó de memoria y a partir de viejos grabados, pues Perrot llevaba tiempo de vuelta en San Petersburgo.
- Degas no pintaba un idilio: el Ballet de la Ópera de París de la década de 1870 era, en esencia, un mercado en el que adinerados suscriptores varones, los «abonnés», tenían acceso entre bastidores a las bailarinas, y Degas conocía ese mundo de cerca como asiduo.
- El análisis con rayos X de las pinturas de ballet de Degas ha revelado que recolocaba con frecuencia las figuras, borrando bailarinas y desplazándolas por el lienzo; algunas obras acabadas contienen tres o cuatro figuras «fantasma» ocultas bajo la superficie.
- La vista de Degas empezó a deteriorarse seriamente en la década de 1870, hacia la época en que pintó esta obra, y al final de su vida estaba casi ciego; la calidad suelta y de boceto de sus escenas de ballet tardías fue en parte una respuesta práctica a la pérdida de visión, no solo una elección de estilo.
- La obra entró en la colección del Museo de Orsay a través del Louvre, que la recibió como parte del legado Camondo en 1911: el conde Isaac de Camondo, banquero parisino de origen sefardí, reunió una de las mejores colecciones de Degas en manos privadas y la legó por entero al Estado francés.
Más detalles Por qué Degas muestra el final de la clase y no la danza perfecta, quién era el anciano con bastón, por qué se mojaba el parqué y cómo los gestos cansados formaron una composición calculada.
La clase casi termina
El cansancio sustituye al espectáculo
Una alumna aún baila; las demás se estiran, rascan y arreglan cabello, ropa, pendiente o cinta. Orsay señala el instante en que afloja la disciplina y el cuerpo revela el esfuerzo.
Degas prefiere repetición, espera, aburrimiento y alivio antes del escenario.
Para muchas alumnas el baile era una posible profesión. Procedían a menudo de familias modestas; el éxito daba ingresos, pero la formación exigía tiempo, salud y gasto. Degas no pinta un tratado social, aunque sus pausas desmontan la gracia sin esfuerzo. Cada arabesco escénico nace de pies doloridos, repetición y juicio constante.
El viejo maestro era real
Jules Perrot encarna la escuela estricta
La figura central es Jules Perrot, famoso bailarín y maestro europeo. Aunque ya no dirigía oficialmente la Ópera, se vuelve imagen de autoridad.
El bastón marca el compás en el suelo y su vertical sostiene un grupo que deja de atender.
Perrot era leyenda de otra generación: bailó y coreografió en París, Londres y San Petersburgo y trabajó con Carlotta Grisi. Degas lo dibujó muchas veces. Cabeza gris y cuerpo sólido contrastan con las alumnas, pero no es caricatura. Oído, memoria y bastón mantienen un orden del que ellas escapan unos minutos.
Es la antigua Ópera
Un amigo músico abrió los bastidores
Degas visitaba el teatro de la rue Le Peletier antes del edificio Garnier; aquel lugar ardió en 1873 mientras nacían composiciones relacionadas.
La sala no es un documento fotográfico: estudios, modelos y arquitectura forman un espacio inventado y creíble.
Entrar entre bastidores no significaba pintar todo allí. Degas llevaba modelos al estudio, pedía repetir posturas, dibujaba y movía figuras entre composiciones. Algunas jóvenes reaparecen en hojas y lienzos como miembros de una compañía propia. Los gestos son observados; el acontecimiento único es construido.
El suelo es protagonista
Las tablas organizan perspectiva y trabajo
El punto alto lanza el parqué en diagonal. Se mojaba para evitar resbalones y recibía los golpes rítmicos del bastón.
Sus líneas miden las distancias y hacen avanzar la mirada como una alumna que repite ejercicios.
Una regadera al fondo explica el brillo del suelo: se humedecía contra polvo y resbalones. El piano está cortado, el espejo duplica fragmentos y un perro añade interrupción doméstica. Los detalles evitan que la perspectiva sea geometría abstracta. Casi se imagina madera húmeda, tela y ensayo prolongado.
La casualidad está preparada
Años de estudios producen un instante
Cortes, espaldas y primer plano vacío parecen espontáneos, pero Degas dibujó estas posturas muchas veces y trabajó la versión parisina entre 1873 y 1876.
La modernidad nace cuando un cálculo complejo consigue parecer una mirada distraída.
El público de Degas conocía el ballet desde la sala y el backstage. Abonados ricos podían entrar al foyer de la danse y tratar con intérpretes, un fondo social no siempre inocente. Aquí no aparece ningún protector masculino; domina el colectivo femenino. Sin público, las bailarinas viven su propio tiempo de trabajo y espera.





