Fuente de la introducción: Wikipedia (ES)
Autor
Francisco Goya
Movimiento / época
Romanticismo
Técnica
pintura
Ubicación
Museo del Prado, Madrid
La maja desnuda llevó a la Inquisición a convocar a Goya y exigirle que nombrara al comitente y justificara la indecencia del cuadro.

Lo más interesante
Datos y leyendas
- Se la considera una de las primeras imágenes del arte occidental de una mujer desnuda con vello corporal visible y sin excusa mitológica: ninguna Venus, solo una mujer real que sostiene la mirada.
- La maja desnuda llevó a la Inquisición a convocar a Goya y exigirle que nombrara al comitente y justificara la indecencia del cuadro.
- Fue encargada por el todopoderoso primer ministro Manuel Godoy, que la ocultaba con sus otros desnudos en una sala de dobles paredes.
- La identidad de la modelo sigue sin probarse: unos ven a la duquesa de Alba, otros a Pepita Tudó, amante de Godoy.
- Existe una gemela vestida, La maja vestida; según la leyenda, se deslizaba sobre la desnuda mediante un mecanismo especial para ocultarla de miradas indiscretas.
Más detalles Cómo una Venus privada sin disfraz mitológico llegó ante la Inquisición, por qué la modelo sigue sin nombre y qué une las versiones desnuda y vestida.
Una contemporánea, no una diosa
Goya conserva la pose de Venus y elimina la excusa mitológica
Pintada hacia 1795–1800, la obra continúa la tradición de Venus recostadas de Tiziano y Velázquez. Pero no hay Cupido, joya ni emblema que lleve el cuerpo a la Antigüedad. La mujer mira directamente y parece pertenecer al Madrid de Goya.
Maja designaba a una madrileña elegante vinculada a la cultura popular. El nombre llegó después: documentos tempranos hablan de una Venus y el inventario de 1808 llamó “gitanas” a las dos versiones. Cada término modifica la mirada; el mito normaliza el desnudo, mientras “maja” lo devuelve al presente.
El gabinete privado de Godoy
El primer propietario documentado reunía Venus prohibidas
En noviembre de 1800 Pedro González de Sepúlveda vio el cuadro en el palacio de Manuel Godoy, ministro de Carlos IV. Estaba en un gabinete interior junto a la Venus del espejo de Velázquez y otros desnudos. No era una galería pública, sino una estancia reservada de un coleccionista poderoso.
Godoy probablemente lo encargó a Goya, aunque no existe contrato. Podía situar a un artista vivo junto a maestros antiguos y poseer una imagen destinada a pocos ojos. El secreto no rodeó después la obra: formaba parte de su primer modo de contemplación.
Dos cuerpos casi iguales
La vestida no es una simple tapa sobre el desnudo
Goya pintó después La maja vestida. Tamaño y postura se parecen, pero la ropa no vuelve tímida la figura: camisa blanca, faja y chaquetilla intensifican color y mirada. Se repite que un mecanismo alternaba ambos lienzos. Es una posibilidad vistosa, no un hecho documentado.
Son dos respuestas independientes a una pose. En la desnuda, la piel se modela suavemente contra la oscuridad; en la vestida, tela y silueta ganan fuerza. Juntas preguntan qué resultaba peligroso: la piel, el contacto visual o una mujer que no representa la modestia de Venus.
La Inquisición exigió un nombre
Goya tuvo que explicar modelo y encargo
Tras la caída de Godoy, su colección fue incautada. En 1814 la Inquisición reclamó las majas como obscenas y en 1815 convocó a Goya para saber quién era la mujer, quién encargó los cuadros y por qué. Su respuesta no se conserva.
En 1836 pasaron a la Academia de San Fernando, donde el desnudo siguió sin mostrarse normalmente. Entraron en el Prado en 1901. Una pintura privada, convertida luego en prueba judicial, terminó como obra nacional. El riesgo no es leyenda publicitaria: fue real.
Un rostro sin nombre probado
Las candidatas famosas siguen siendo hipótesis
Se ha propuesto a la duquesa de Alba o a Pepita Tudó, amante y futura esposa de Godoy. Ninguna identificación posee pruebas suficientes, y los retratos seguros de la duquesa muestran diferencias. También pudo posar una modelo profesional cuyo nombre se perdió.
Otra historia decía que Goya cambió la cabeza para ocultar a la mujer. La radiografía del Prado no halló una modificación importante: cabeza y cuerpo se pintaron como unidad. La ciencia no resolvió el nombre, pero eliminó una leyenda. El misterio vive en la falta de documentos, no bajo otra capa de pintura.






