Diego Rivera, El hombre controlador del universo

Muralismo mexicano

El hombre controlador del universo

Rivera creó la primera versión, El hombre en la encrucijada, para el Rockefeller Center de Nueva York en 1933.

Diego Rivera · 1934Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México

Los comitentes destruyeron el fresco neoyorquino por su retrato de Lenin, que Rivera se negó a quitar.

Diego Rivera, El hombre controlador del universo
El hombre controlador del universo · Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México

Lo más interesante

Datos y leyendas

  • Rivera creó la primera versión, El hombre en la encrucijada, para el Rockefeller Center de Nueva York en 1933.
  • Los comitentes destruyeron el fresco neoyorquino por su retrato de Lenin, que Rivera se negó a quitar.
  • En 1934 Rivera recreó la composición a partir de fotografías en Ciudad de México, rebautizándola El hombre controlador del universo y agudizando su imaginería política.
  • El fresco contrapone el mundo capitalista y el socialista mediante escenas paralelas que flanquean la figura central de un obrero ante los mandos.
  • La obra se convirtió en una de las declaraciones definitorias del muralismo mexicano del siglo XX.
Source: Wikipedia
Más detalles Cómo un encargo de Rockefeller se convirtió en un gran caso de censura, por qué Rivera restituyó a Lenin en México y por qué el verdadero centro de la batalla es un obrero anónimo ante los mandos.

El encargo nació en Nueva York

Rockefeller quería un mural sobre la elección del futuro

En 1931 Nelson Rockefeller proyectó tres obras monumentales para Radio City. Invitó a Picasso, Matisse y Diego Rivera; sólo el mexicano aceptó. El tema propuesto era el ser humano en la encrucijada, mirando hacia un futuro nuevo y mejor.

Rivera llevó su propia modernidad al complejo empresarial. Un obrero maneja una máquina mientras elipses ópticas muestran células y cosmos. La ciencia permite ver y transformar el mundo.

El título original —El hombre en la encrucijada mirando con esperanza y gran visión hacia un futuro nuevo y mejor— ya contenía la disputa. Rockefeller Center quería celebrar progreso dentro del rascacielos capitalista; Rivera lo entendía como elección social. El acuerdo duró mientras el boceto fue general. En yeso húmedo, la abstracción adquirió rostros reconocibles.

Un retrato detuvo la obra

Lenin pudo más que el contrato

La aparición de Lenin provocó ataques de prensa y la exigencia de borrarlo. Rivera se negó. El fresco inacabado fue cubierto y destruido en 1934: un rostro bastó para condenar un muro entero.

No fue sólo una pelea entre artista y capitalista. Rivera aceptó el encargo privado, pero negó al cliente la última palabra sobre su sentido político. La pared pagó el precio.

Antes de la destrucción, la ayudante Lucienne Bloch fotografió el mural en secreto. Sus imágenes fueron memoria de trabajo: permitían reconstruir posiciones borradas con la pared. El conflicto no es solo leyenda contada por el vencedor. Quedan documentos visuales para comparar el diseño neoyorquino y la respuesta mexicana.

Las fotografías salvaron la composición

En México surgió una respuesta, no una copia

Rivera reconstruyó el proyecto en el Palacio de Bellas Artes. INBAL relaciona la nueva versión con dibujos, documentos y fotografías, entre ellas las de Lucienne Bloch. El muro demolido sobrevivió como archivo.

También cambió el título: el hombre ya no está en la encrucijada, sino que controla el universo. La obra mexicana responde públicamente a Nueva York.

En Bellas Artes Rivera pintó fresco sobre bastidor metálico transportable. A diferencia de la obra unida a la arquitectura Rockefeller, la nueva versión podía incorporarse al museo como monumento autónomo. Conservó el esqueleto, aclaró el conflicto y añadió figuras que ningún mecenas neoyorquino podía limitar.

El centro pertenece al obrero

Microscopio y telescopio se encuentran en sus manos

A ambos lados chocan capitalismo y socialismo, policía y manifestantes, ocio de élite y organización obrera. El centro geométrico, sin embargo, no pertenece a Lenin ni a Rockefeller, sino a un operador sin nombre.

INBAL señala la unión del microcosmos y el macrocosmos. La máquina parece consola, alas y gran lente: la tecnología tiene fuerza, pero las manos humanas deciden su rumbo.

Cuatro elipses alrededor del obrero parecen aspas, lentes y diagrama de fuerzas. Contienen células, enfermedad, planetas y estrellas; las multitudes repiten la lucha social. Rivera une biología, astronomía y política sin zona neutral: el conocimiento aumenta el poder, pero no decide a quién debe servir.

El escándalo pasó a formar parte de la obra

Hoy se contempla el fresco y su destrucción

La versión mexicana se pintó para la apertura del Palacio en 1934 y permanece allí. INBAL la reconoce como monumento artístico y sus exposiciones siguen estudiando los documentos neoyorquinos.

La obra vive en dos tiempos: como fresco conservado y como memoria de una pared perdida. Rivera convirtió la censura en una pregunta sobre quién controla la imagen y el futuro.

El título suena victorioso, pero el rostro central sigue concentrado e incierto. El museo lo describe mirando con esperanza un mundo mejor mientras elige entre amenaza capitalista y promesa socialista. El panel no ofrece utopía terminada; convierte al visitante en la siguiente persona ante los mandos.

Contexto visual

Más imágenes

En qué fijarse

Qué observar

  • Encuentra al obrero en el centro, sosteniendo las palancas de mando: un símbolo de la humanidad dominando la tecnología.
  • Compara las escenas del mundo capitalista y el socialista a cada lado de la composición.
  • Fíjate en la imaginería científica —células, cosmos, un microscopio— entretejida en el paisaje industrial.

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